domingo, 2 de junio de 2013

Donde Se Esconden Los Secretos

Introducción

Elizabeth, una joven de 16 años que vive en el Londres Victoriano, esta a punto de ver como su vida cambia gracias a un apuesto muchacho llamado William que la ayudara a descubrir el pasado de su familia, pero se encontrará con dificultas en las que se pondrá a prueba su confianza, sus principios y la lealtad a su familia.


Capitulo 1

Elizabeth se levanto sobresaltada por un mal sueño, Julia, la sirvienta, la había dejado los ropajes preparados, era un bonito vestido azul turquesa con volantes en la falda y por la parte de atrás un lazo que iba atado en la cintura y las tiras hasta el final de la falda, no era uno de sus favoritos pero le encantaba, Julia le ayudo a ponerse las enaguas y el pesado vestido. Bajo corriendo las escaleras hacia la cocina, era normal que sus padre no estuvieran, la noche anterior se habían ido a pasar un rato ellos dos solos, así que no la extrañaba que no estuvieran.
Llamaron a la puerta, Elizabeth fue corriendo a abrir.
– Ya abro yo – le grito a Julia. ¡Que extraño! era la policía.             
– ¿Ocurre algo agente? – Pregunto está.
– Señorita Wild, ¿podría acompañarme a la comisaria? si fuera tan amable. – Prosiguió esté.
– ¿He hecho algo mal?
– No, No, te lo explicare por el camino, ahora por favor señorita acompáñeme.
Sin decir una palabra más Elizabeth lo siguió.
Al llegar a la comisaria, la explicaron lo sucedido, que sus padres habían sido asesinados. Identifico los cadáveres y se fue a casa, nada más llegar fue directa a su cuarto a llorar, nunca podía haber creído que sus padres fueran asesinados, bueno nunca nadie se lo imagina, pero mucho menos los suyos, viene de una familia acomodada desde años y sus padres siempre habían sido queridos, todos conocían el apellido Wild, no podía imaginarse quien seria el asesino. Se prometió a si misma que iba a encontrar a el asesino, no sabía como ni por donde empezar pero lo encontraría.  
– Señorita Wild, despierta, ha venido su primo a verla, viene con un amigo.
Elisabeth entre bostezo y bostezo se consiguió levantar.
– Diles que bajaré en un segundo y llévales un té por favor. 
– Claro señorita Wild, ahora mismo.
Julia era bastante joven de unos 18 años, sus padres trabajaron antes que ella para los Wild pero murieron cuando Julia tenia 16 años, desde esa edad empezó a servir a los Wild. De pequeñas Julia y Elizabeth habían sido amigas hasta que Julia comprendió que los criados no podían ser amigos de los señores, Elizabeth no sabía porque ella la había dejado de hablar. 
– Buenas tardes prima Elizabeth. 
– Primo Matthew. – Después de un incomodo silencio y miradas entre los tres chicos Matthew se decidió hablar.
– Perdona, que despistado soy, Beth este es William.
– Puede llamarme Will si lo desea. – Dijo este.
–Lo tendré en cuenta – Continuo Beth – ¿Solo as venido a presentarme a tu amigo, Matt?
– No hemos venido a darte el pésame y ha decirte que tenemos información sobre tus padres, pero sera mejor que nos trasladásemos a un lugar mas seguro.
Los chicos se trasladaron al salón.
– Gracias, pero no creo que no quiero saber nada sobre mis padres.
– ¿Estas segura? – Dijo Will.
En el momento en el que Beth iba a abrir la boca Matt habló.
– ¡Parad! antes de continuar esta charla si me lo permites prima, necesitaría ir al escusado. Mientras, señorita debería replantearse el asunto – Abrió la puerta del salón y se fue. 


  

sábado, 13 de abril de 2013

Un miedo más


El miedo, una sensación tan extraña y a la vez tan conocida, pensaba Julia en el camino de vuelta a su casa, estaba meditando sobre lo que habían hablado en la clase de filosofía. Mucha gente tiene miedo a la muerte dijo la profesora. A la muerte, que cosa más tonta, siguió pensando Julia, se puede tener miedo a la oscuridad, a las alturas, a un hombre que te mira mal por la calle o incluso a los patos, pero a la muerte... si al fin y al cabo a todo nos llega la hora, no vas a vivir asustado toda tu vida por si acaso en el momento más inesperado llega tu funeral. Mientras iba meditando casi la atropella un coche.
-Loco, a ver si miras – gritó a todo pulmón.
Al llegar a su casa dejo la mochila tirada en el salón y se puso a ver la tele.
-Julia, ven, tenemos que hablar. - le dijo su madre desde la cocina.
-Voy – la respondió Julia.
Al cabo de unos minutos Julia se encontraba en la puerta de la cocina.
-¿Mamá que querías? – dijo impaciente.
-Esto no es fácil – empezó a decir su madre – hemos tenido que llevar a tu padre al hospital, el medico a dicho que tiene cáncer y de momento no se puede hacer nada. Lo siento tanto Julia.
Al oír esto salio corriendo a su cuarto, se encerró y puso la música bastante alta para que nadie pudiera oírla gritar ni llorar, en esos momentos quería estar sola.
Al cabo de una hora su madre llamo a la puerta.
-Voy al hospital ¿vienes o te quedas?
-Voy, por supuesto.
El camino al hospital fue el camino mas silencioso que tanto madre como hija han hecho jamas.
Entrando en la habitación en la que se encontraba el padre, Julia no pudo reprimir una lagrima más, en cuanto estuvo en los brazos del padre empezó a sollozar.
-No llores mi niña, ya veras como todo se arregla -le intentaba consolar su padre sin conseguir ningún fruto.
-No, nada se va ha arreglar y tu lo sabes -le dijo la hija aun sollozando.
La madre se tuvo que salir del cuarto, notaba como las lagrimas amenazaban con salir y quería ser fuerte delante de su hija.
-Julia, mírame. Todo va a salir bien, lo sé, lo noto -su hija quería creérselo, de veras que lo quería pero no podía, tenia esa voz dentro de su cabeza que la preparaba para el momento de verle marchar, el momento de dejarle ir.
El medico entro por la puerta con la madre detrás.
-Tengo malas noticias -anuncio este. -el cáncer es peor de lo que imaginábamos, no te lo hemos podido detectar tiempo, tanto mis compañeros como yo lo lamentamos muchísimo.
-¿Cuanto tiempo me queda doctor?
-Apenas unos días. -después de una pausa, continuo- Creo que sera mejor que mejor que me vaya, así os dejo solos un tiempo.
El doctor se marcho y el silencio ocupo su lugar. Tras varios minutos más de silencio, la madre dijo por fin:
-Julia, te llevare a casa de tu abuela, esta noche la pasaré cuidando de tu padre.
-Pero mamá yo también quiero quedarme esta noche.
-Hija haz caso a tu madre, tú y yo nos veremos mañana. -concluyo la conversación el padre.
La hija y la madre salieron por la puerta.
-Vuelo en unos minutos -se despidió la esposa.
Montadas en el coche camino a casa de la abuela, Julia se quedo dormida. «Un día largo» pensó la madre. Al cabo de diez minutos se encontraban delante de la casa de la abuela. Ella las recibió con los brazos bien abiertos, como cabria de esperar, acostaran a Julia en la cama y la madre se dirigió al hospital.
Se encontró a su marido dormido. Se sentó en el sillón y comenzó a dormir, mañana seria otro día.
Julia se despierta temprano, hoy no había podido dormir mucho. Mientas se vestía escucho una conversación telefónica, solo pudo captar pequeños troces de aquella conversación: «ahora mismo la despierto», «tranquila no la diré nada», «la llevo yo». Escuchó los pasos de su abuela acercándose a la habitación donde se encontraba.
-Que bien que estés despierta -Julia notaba la preocupación en las palabras de su abuela- vístete, te llevo al hospital.
Cuando Julia llego las lagrimas inundaban la sala, estaba claro que su padre no había pasado de aquella noche. La hija se acerco a su madre sollozante y la abrazo, la abrazo como nunca antes lo había hecho. Cuando se separaron la madre la miro y la tendió una carta en la cual ponía: Para Julia, el final solo es el principio. Ella salio del hospital y en un pequeño cercado lleno de césped se sentó y se puso a leer. La carta decía así:
Querida hija:
Te escribo esta carta para que cuando llegue la hora de decirte adiós me sea mas fácil a través de esto. Espero a la muerte como una aliada a la que es tonto temer pero aun así yo la temo, es bueno ser valiente, al igual que es bueno tener algún miedo, yo no temo a la muerte por que sea el final, sino por que os abandono, a ti y a tu madre, os quiero tantísimo a las dos, me pregunto como os las apañareis sin mi, seguro que bien, sois fuertes, cuando murió mi padre vi como tu abuela caía en una gran depresión, se pasaba todos los días en la cama. No quiero que a tu madre le pase lo mismo, no quiero que tu vivas lo que sufrí yo esos largos meses, así que hazme un favor, cuídala, no te separes de ella y sobre todo no te enfades por como pueda llevar esto, eso solo te destruirá más.
No sé cuando volveré a verte, espero que tarde por que eso significara que has vivido una vida larga y prospera, recuerda que esto no es un adiós, sino un hasta luego, es hora de que me marche, no te preocupes por mi estaré en un lugar mejor (eso a sonado a tópico, pero es verdad). También debes recordar que estaré en cada vez que te caigas y cada vez que te levantes, en cada alegría y en cada pena, en cada rayo de luz que asome por tu ventana, en cada momento aunque tu no me puedas, mi pequeña, nunca te dejare.
Te quiere:
Tu padre.
Julia con las lagrimas aun corriendo le por la cara guardó la como su mayor posesión y entro de nuevo en el hospital.
El día del funeral los familiares mas cercanos le dedicaron unas palabras. Llego el turno de la madre, le daba las gracias a su marido por haber estado todos esos momentos en su vida, por haberla dado una hija que es lo quemas quiere en este mundo. Julia también le dedico unas palabras:
-Papá, gracias por todas esas esas veces en las que me he caído y tu has sabido levantarme, por cada momento que me dedicaste por no haberme regañado en todas las veces que jugábamos al fútbol y siempre te acababa dando un pelotazo. -todos se echaron a reír -Te prometo que cuidare de mamá y que no la culpare de nada.
Y con estas palabras se termino el funeral. Fue un día largo y emotivo.
Pasados tres meses Julia y su madre habían decidido mudarse de casa, era demasiado grande, ya era grande como para vivir tres, para dos eso era enorme. Habían visto un piso a la medida de las chicas, era una buena comunidad, con chicos y chicas de la edad de Julia y estaba cerca de donde vivían, lo que significa que, Julia no tendría que dejar el colegio. Julia estaba contenta por su nueva casa, le gustaba y los vecinos eran muy agradables excepto el típico toca narices pero, ¿ en comunidad no había uno? Aun así a Julia le costaba dejar esa casa, tantos momentos vividos, tantos recuerdos, en ese momento le vino uno a la cabeza, de ella corriendo por el pasillo mientras su padre la seguía y su madre se reía, era un recuerdo feliz pensó Julia.
-Julia -la grito su madre -¿te quedan muchas cosas que empaquetar?
-No mamá, ya termino -le contesto a su madre.
Mientras Julia metía las ultimas en las cajas, se acordó de la carta de su padre que tenia guardada en el cajón de su cómoda, rápidamente la cogió y la metió dentro de la caja de cosas personales. Cerro las cajas con cinta.
-Ya esta mamá -le dijo a su madre- ye he empaquetado todo.
Su madre subió y juntas bajaron las cajas, en el momento en el que se preparaba para dejar la habitación y cerrar la puerta un rayo de sol atravesó la ventana.
-Hola papá.